El primer capítulo nunca cuenta toda la historia
Hay derrotas que parecen suficientes para establecer un diagnóstico y otras que, precisamente por la cantidad de interrogantes que dejan abiertas, obligan a tener paciencia. La caída de los Tampa Bay Buccaneers por 33-27 ante los Cincinnati Bengals pertenece claramente a la segunda categoría. El resultado es decepcionante, los errores fueron demasiado evidentes como para disimularlos y algunas actuaciones estuvieron claramente por debajo de lo esperado, pero reducir todo lo sucedido en Cincinnati a una única conclusión sería precipitado. Aquí viene el Cuaderno de bitácora del Bucs at Bengals de la Week 1 de 2026
Tampa Bay afrontaba esta temporada con muchas expectativas después de una offseason en la que la organización realizó movimientos importantes para mejorar tanto el ataque como la defensa. El estreno bajo Zac Robinson debía mostrar una nueva identidad ofensiva, mientras que la renovación del front seven y las esperanzas depositadas en jugadores como Rueben Bain Jr., Vita Vea o A’Shawn Robinson habían alimentado la sensación de que el pass rush podía convertirse, por fin, en una fortaleza.
Sin embargo, después de una sola jornada, algunas de esas certezas se han transformado en preguntas. Y, curiosamente, algunas de las dudas que rodeaban al equipo antes de comenzar la temporada han empezado a disiparse.
Ese es, probablemente, el elemento más interesante que deja la Week 1. El partido no ofrece respuestas definitivas, pero sí suficientes datos como para empezar a separar lo que fue un problema puntual de aquello que puede convertirse en una tendencia.
La secundaria ha pasado de duda a esperanza
Durante toda la preparación de la temporada, una de las grandes incógnitas de los Buccaneers estaba situada en la secundaria. Zyon McCollum necesitaba demostrar que podía recuperar el nivel que llevó a Tampa Bay a apostar por él, Benjamin Morrison tenía que dejar atrás un año de rookie irregular y, especialmente, demostrar que podía mantenerse sano, mientras que el equipo necesitaba comprobar hasta qué punto existía profundidad real detrás de sus titulares.
No había mejor examen para comenzar que enfrentarse a Joe Burrow, Ja’Marr Chase y Tee Higgins en el mismo partido.
El resultado fue considerablemente mejor de lo que muchos podían haber anticipado. Chase, una de las armas ofensivas más determinantes de toda la NFL, terminó con apenas dos recepciones para 12 yardas en cuatro targets y McCollum no permitió ninguna recepción al receptor estrella de Cincinnati. Incluso fue capaz de cerrar una importante acción de tercer down sobre Chase al final de la primera serie ofensiva de los Bengals.
Las alternativas
Cincinnati intentó buscar alternativas. Chase apareció en el slot para intentar generar emparejamientos más favorables contra Keionte Scott, pero tampoco encontró una vía constante para hacer daño. Scott permitió una recepción de 16 yardas, pero Tampa Bay fue capaz de limitar globalmente el impacto del cuerpo de receptores rival. Higgins sí produjo más y terminó siendo responsable de varias jugadas importantes, incluida una recepción de 18 yardas en el drive que terminó de cerrar el partido, aunque incluso en esa acción McCollum había ejecutado correctamente su cobertura y el receptor simplemente realizó una jugada extraordinaria.
También fue significativa la aparición de Benjamin Morrison tras la lesión de Jacob Parrish. El cornerback respondió bien y dejó sensaciones positivas en una situación que obligó a cambiar los planes defensivos durante el partido.
No es suficiente para afirmar que la secundaria de los Buccaneers ha dejado de ser una preocupación, pero sí para decir que el grupo jugó mejor de lo que se esperaba ante uno de los cuerpos de receptores más peligrosos de la liga. En una defensa que necesita encontrar estabilidad, es una base muy interesante sobre la que seguir construyendo.
La gran pregunta que deja Cincinnati está en el pass rush
Y aquí aparece la primera gran contradicción de esta Week 1. Mientras que la secundaria era una de las posiciones señaladas como posible problema, el pass rush llegaba al estreno acompañado de expectativas mucho más elevadas.
Tampa Bay había invertido recursos y esperanzas en mejorar la capacidad de presionar con cuatro hombres. La llegada de A’Shawn Robinson, la selección de Rueben Bain Jr. con una elección alta del Draft, el fichaje de Al-Quadin Muhammad y la renovación de Vita Vea apuntaban en esa dirección. La idea era sencilla: generar más presión sin tener que comprometer constantemente a la secundaria enviando blitz.
Contra Cincinnati, esa transformación no apareció.
Bain no consiguió generar presión en sus 26 situaciones de pass rush y tuvo serios problemas para imponerse a Amarius Mims. Vea tampoco encontró continuidad como amenaza interior. A’Shawn Robinson registró una presión, pero el gran protagonista del front four fue Calijah Kancey, que produjo tres y fue claramente el jugador más disruptivo de la línea defensiva de Tampa Bay.
El dato verdaderamente preocupante es otro. Joe Burrow apenas sintió verdadero peligro cuando Tampa Bay se limitó a mandar cuatro hombres. Los problemas de presión del pasado no desaparecieron por arte de magia con los cambios realizados durante la offseason y, por momentos, la defensa volvió a parecer demasiado dependiente del blitz.
Eso no significa que el pass rush vaya a ser necesariamente malo durante toda la temporada. Una primera jornada puede estar condicionada por un rival concreto, por emparejamientos concretos o simplemente por la ejecución de un grupo que todavía está encontrando su identidad. Pero sí es una señal a vigilar muy de cerca, porque si los Buccaneers quieren que Todd Bowles lleve esta defensa al siguiente nivel, necesitan ser capaces de afectar al quarterback con mucha mayor frecuencia.
Baker Mayfield tiene que aprender a vivir con el nuevo escenario
La actuación de Baker Mayfield resulta más difícil de resumir porque estuvo muy cerca de ofrecer dos versiones completamente distintas del mismo quarterback.
Lanzando el balón, hubo momentos en los que Baker hizo muchas cosas bien. Dirigió series ofensivas, movió las cadenas y mostró capacidad para mantener el ataque en partido incluso cuando el marcador se complicó. El problema estuvo en todo aquello que sucedió cuando la jugada dejó de desarrollarse según el plan previsto.
Mayfield perdió tres fumbles y terminó convirtiendo varias buenas oportunidades ofensivas en situaciones negativas. El primero de ellos terminó en un touchdown defensivo de Demetrius Knight Jr., después de que Tampa Bay tuviera la oportunidad de construir una serie ofensiva normal. Más adelante, otra jugada en la que el quarterback había conseguido escapar de la presión terminó con el balón en el suelo y, finalmente, un sack de Boye Mafe produjo otro fumble en el cuarto cuarto.
La Red Zone, otro obstáculo
Pero quizá la acción que mejor resume su partido fue la de la zona roja. Tampa Bay tenía primero y cinco en la yarda 12 de Cincinnati y había una oportunidad magnífica para volver a ponerse cerca en el marcador. Mayfield hizo primero algo positivo: evitó la presión y consiguió correr para ganar un nuevo primer down. El problema llegó después, cuando intentó exprimir todavía más la jugada en lugar de aceptar que había llegado a una situación suficientemente buena.
Ese instinto ha sido una de las características de Baker durante toda su carrera. Su capacidad para transformar una jugada rota en algo positivo es parte de su valor como quarterback, pero esa misma agresividad puede convertirse en un problema cuando el riesgo supera claramente al beneficio.
El contexto también ha cambiado. El año pasado, con una línea ofensiva castigada por las lesiones y constantes modificaciones en la protección, era comprensible que Mayfield sintiera que tenía que resolver demasiadas situaciones por sí mismo. Con un grupo presumiblemente más sano y una nueva estructura ofensiva, esa necesidad debería disminuir.
El nuevo contrato de tres años y 165 millones de dólares no convierte automáticamente a Mayfield en otro jugador, pero sí eleva el nivel de exigencia. Y una de las primeras cosas que los Buccaneers necesitan de su quarterback es muy sencilla: que proteja mejor el balón.
Zac Robinson enseñó el plan, pero todavía queda mucho por desarrollar
El debut de Zac Robinson dejó una sensación interesante porque, al menos conceptualmente, Tampa Bay ejecutó muchas de las cosas que se esperaban de su nuevo ataque. Hubo pantallas, mucho play-action, movimiento horizontal y una apuesta clara por el wide zone. Se reconocía una identidad detrás de las llamadas.
El problema es que una buena estructura necesita terminar generando oportunidades reales.
Los Buccaneers utilizaron con muchísima frecuencia el lanzamiento detrás de la línea de scrimmage y apostaron de forma importante por el play-action, especialmente en primeros downs. Sobre el papel, las ideas tienen sentido. El problema es que el ataque encontró muy pocas jugadas explosivas y fue demasiado dependiente de ejecutar a la perfección pequeñas ganancias una y otra vez.
El play-action, además, debería abrir el área intermedia del campo. Su mayor valor está precisamente en provocar la reacción de los linebackers y generar espacios detrás de ellos. Cincinnati, sin embargo, consiguió limitar buena parte de esas oportunidades y Tampa Bay terminó con apenas cuatro recepciones en jugadas que superaron las diez yardas, sin ninguna acción de pase que alcanzara las 20.
La apuesta por el juego terrestre sí dejó señales más alentadoras. El wide zone funcionó mejor de lo esperado y Bucky Irving encontró algunas carreras productivas, mientras que la utilización de Kenny Gainwell parecía responder a características diferentes dentro del sistema.
Ese reparto será interesante de observar en las próximas semanas. Si Robinson está diseñando el backfield para explotar las fortalezas específicas de cada corredor, tendremos una estructura mucho más interesante de lo que pudo parecer en Week 1.
La sensación general es que existe una idea clara. Ahora hay que comprobar si el sistema puede generar suficiente explosividad para sostener un ataque durante cuatro cuartos contra defensas cada vez más preparadas.
Josiah Trotter fue una de las grandes noticias de la tarde
Si hubo un jugador capaz de cambiar completamente la percepción sobre la defensa de Tampa Bay durante el partido, ese fue Josiah Trotter.
El rookie apareció con muchísima fuerza en la segunda mitad. Registró su primer sack en la NFL y, poco después, interceptó a Joe Burrow en cobertura para devolver el balón 38 yardas hasta la end zone y mantener a los Buccaneers con vida.
Terminó además con 10 tackles, pero la importancia de su actuación no reside únicamente en las estadísticas. Trotter apareció en situaciones relevantes, demostró capacidad para influir en cobertura y mostró una personalidad competitiva que hacía pensar que podía tener impacto desde muy pronto.
Según Buccaneers Communications, en las últimas diez temporadas solo dos jugadores habían conseguido en su debut un sack, una intercepción y al menos cinco tackles: Trotter y T.J. Watt.
No se trata de empezar ahora a comparar trayectorias, evidentemente. Sí se trata de reconocer que el rookie tuvo una presentación extraordinaria.
Y existe una consecuencia evidente. Si Trotter continúa ofreciendo este nivel, resulta difícil imaginar que su participación vaya a quedarse en una rotación secundaria durante mucho tiempo.
Emeka Egbuka también ofrece motivos para el optimismo
En el lado ofensivo, Emeka Egbuka fue probablemente la mejor noticia.
Terminó con cinco recepciones para 63 yardas y, más allá de la cifra, dejó la sensación de ser un jugador cada vez más preparado para asumir responsabilidades importantes dentro del ataque de Tampa Bay.
Con Jalen McMillan fuera, Egbuka se convirtió rápidamente en uno de los principales objetivos de Mayfield. Su capacidad para separarse, ganar después de la recepción y trabajar con naturalidad en espacios intermedios encajó bien con la filosofía que mostró Robinson.
También Ted Hurst III dejó buenas sensaciones cuando finalmente tuvo su oportunidad. En el cuarto cuarto, Baker lo buscó en tres jugadas consecutivas y el rookie respondió con tres recepciones para 36 yardas. Aquella serie ayudó a poner el partido a solo seis puntos con 3:19 por jugar y demostró que el cuerpo de receptores puede ofrecer más profundidad de la que quizá parecía al comienzo del encuentro.
La derrota no cambia ese dato.
El problema más evidente fue la ejecución
Después de analizar todas las piezas, existe una conclusión que probablemente sea más importante que cualquiera de las anteriores: Tampa Bay tuvo suficientes oportunidades para competir por este partido y fue el propio equipo quien convirtió demasiadas de ellas en situaciones adversas.
Cuatro fumbles perdidos son demasiados para cualquier equipo de la NFL. Perder uno en la yarda tres del rival es todavía peor. Permitir un touchdown defensivo en una jugada de retorno después de una pérdida de balón cambia completamente el guion de un partido. Y hacerlo varias veces obliga a jugar constantemente desde atrás.
A eso se suma una defensa que no encontró suficiente presión con cuatro hombres y una línea ofensiva que permitió demasiadas situaciones incómodas.
Por eso resulta difícil culpar exclusivamente a Zac Robinson o concluir que la nueva ofensiva no funciona. Tampa Bay no sufrió por falta de oportunidades; sufrió porque no fue capaz de terminar muchas de ellas.
Y esa diferencia es importante.
La estructura existe. Lo que falta es ejecutar mejor.
Cañonazo final
La derrota en Cincinnati ha cambiado la conversación alrededor de los Buccaneers, pero no debería cambiar todavía el diagnóstico completo sobre el equipo.
La secundaria, una de las grandes dudas de la offseason, ofreció probablemente la actuación más tranquilizadora del partido. Zyon McCollum respondió contra Ja’Marr Chase, Benjamin Morrison aprovechó su oportunidad tras la lesión de Jacob Parrish y la cobertura general de la defensa fue suficientemente sólida frente a uno de los ataques aéreos más peligrosos de la NFL.
En cambio, el pass rush, que llegaba rodeado de optimismo, necesita ofrecer mucho más. Baker Mayfield tendrá que reducir los riesgos innecesarios y proteger mejor el balón, mientras que el nuevo sistema ofensivo de Zac Robinson deberá encontrar más explosividad si quiere convertirse en algo más que un ataque consistente pero previsible.
Y, por encima de todo, habrá que seguir observando a jugadores como Josiah Trotter, Emeka Egbuka y Calijah Kancey, porque en Cincinnati también aparecieron varias piezas capaces de convertirse en protagonistas durante los próximos meses.
Es solo una derrota.
Pero no es una derrota vacía.
Cincinnati deja preguntas, deja algunas respuestas y, sobre todo, deja una lista bastante clara de cosas que los Buccaneers deben corregir antes de que esas primeras dudas comiencen a convertirse en tendencias.
La siguiente parada será Cleveland.
Y allí empezaremos a descubrir qué parte de lo visto en Cincinnati fue simplemente el primer capítulo y qué parte puede terminar definiendo la temporada 2026.
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